400 AÑOS DE CARISMA. 400 AÑOS DE AMOR

Liberto Esteve Requena.

Cronista Oficial. Colegio Ntra. Sra. de los Dolores

 

El pasado 9 de mayo, o mejor dicho, el reciente 9 de mayo, no fue un día cualquiera. Aunque en las mentes de aquellos que sí están ofreciendo su vida por los demás, el 9 de mayo, era un día señalado para celebrar y recordar el gran valor de la bondad y de la entrega. Me estoy refiriendo a los Padres Paúles y a las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Me estoy refiriendo a la cantidad de personas que día a día a día entregan su tiempo, su esfuerzo y su vida por los pobres. Me estoy refiriendo a la bien llamada ”Familia Vicenciana”.

400 años de carisma, 400 años de amor.

Mucho tiempo, sí, pero aprovechado. Mucho tiempo en el que la humanidad se ha visto beneficiada, cuidada y protegida. Mucho tiempo y lo que queda para saciar el hambre, sanar heridas y acompañar.

La Gran Familia Vicenciana se merecía conmemorar estos 400 años. Era necesario juntarse y, unidos, dar gracias a Dios por tanto. Era urgente volver a verse y recordar lo realizado y, además, festejarlo.

El reciente 9 de mayo, mientras venía en el coche hacia Alicante, pensaba en la suerte que tenemos los que pertenecemos a esta gran familia y del gran regalo que Dios me ha dado. Mientras la vida transcurría, mientras cada cual estaba en sus cosas, yo me dirigía a la Concatedral de San Nicolás para celebrar los 400 años del Carisma Vicenciano.

Allí me encontré con el Coro de Voces Blancas del Colegio de las Paulas de Villena, con padres y profesores, con los alumnos de nuestros colegios perfectamente uniformados, con el Personal de Servicio de los colegios, con muchos voluntarios, en definitiva con esa gran familia de la que hablaba.

Una procesión de entrada, con los estandartes de las diferentes asociaciones vicencianas, con los alumnos y los sacerdotes, predecía una celebración emocionante.

La eucaristía de acción de gracias, preparada con esmero, comenzaba pasadas las 18’30h, concelebrada por el Obispo de nuestra Diócesis, D. Jesús Murgui Soriano, acompañado de otros sacerdotes.

La monición de entrada animaba a amar sin miedo, a entregarse con amor a los demás y daba paso a la liturgia de la Palabra con Mateo en el evangelio, y la reflexión posterior con la homilía del Sr. Obispo. Fueron unas palabras directas y entrañables organizadas en tres aspectos concretos: Acción de Gracias por estos 400 años de carisma vicenciano, la necesidad de examinarnos y ver cómo vamos de amor, y el hecho de buscar el amor primero para reflexionar y seguir, con alegría, siendo vicencianos.

Los cantos del coro, los violines y la solemnidad del acto enternecían y nos hacían sentirnos orgullosos de ser seguidores de nuestros fundadores. Efectivamente, y como dijo D. Jesús, la labor de San Vicente y Santa Luisa no se paga con nada.  La humanidad debe estar agradecida por la gran labor que misioneros, Hijas de la Caridad (con manos de Madre) y voluntarios vicencianos, que durante 400 años han dedicado tu tiempo y su esfuerzo a los más pobres.

El 9 de mayo quedará en la memoria de muchos y se recordará como el día en que la gran familia vicenciana, con San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac – acompañando a la patrona de Alicante, la Virgen del Remedio- , se reunió para renovar su carisma y sentirse orgullosa de servir a los pobres.

No fue, sin duda alguna, un día cualquiera. Fue un día muy especial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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