AULAS SIN NIÑOS, AULAS SIN VIDA

Liberto Esteve Requena.

Cronista Oficial del Colegio Nuestra Señora de los Dolores

Se nos vuelve a hacer extraño ver el colegio una vez más sin niños después de dar nuestra última clase, después de colgar el cartel de “FELICES VACACIONES”.  Se nos hace raro no oír los gritos y el jaleo de los patios, los cantos a primera hora de la mañana, las explicaciones del profesor, el timbre del recreo.

Un año más hemos dado por finalizadas las clases de un curso que empezamos a olvidar para preparar uno nuevo. Un año más las aulas se quedan vacías. En nuestra mente quedan las primeras bienvenidas para con los más pequeños, los reencuentros de los alumnos de Educación Primaria, el miedo de los de sexto al pasar a la ESO, lo grandes que están los más mayores.

Queda atrás todo lo vivido, el día a día, el frío del invierno con la pereza de volver cada lunes. Se nos comienzan a olvidar las Navidades, los regalos y que Dios volvió a nacer. Desaparecen los enfados, los suspensos, las rabietas y subidas de todo, las faltas de respeto. En el camino hemos dejado las tutorías entre padres y profesores, los consejos, las ayudas, los refuerzos. Cada lunes, en el aula, la tutoría reforzó los valores cristianos, cada día las matemáticas y el lenguaje nos hacían mejorar y cada vez sentíamos que el tiempo se nos escapaba. Hemos llorado y reído, lo hemos pasado en grande, nos hemos enfadado, nos han sacado de quicio. La rutina nos invadió como es normal pero al final lo hemos sobrellevado como siempre.

Ahora el colegio está en silencio, sin niños. Está apagado, mustio y relajado, y esperando a abrir sus puertas otra vez en apenas un suspiro. La vida es así y vuelve a ser lo que era y cumple sus ciclos. Ahora tocan vacaciones, ahora toca evaluar lo aprendido, corregir los equívocos o disfrutar de los éxitos. Las aulas se quedan sin niños, las aulas se quedan sin vida.

Feliz Verano.

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