LOS REYES DE LA ILUSIÓN. CRÓNICA DE UN BELÉN VIVIENTE

Liberto Esteve Requena.

Cronista Oficial del colegio Ntra. Sra. de los Dolores

 

Todo lo que pueda escribir sobre lo acontecido días atrás en la celebración del Belén viviente del colegio Nuestra Señora de los Dolores, es poco. Saber lo que ocurrió estuvo en boca de quienes lo disfrutamos, de quienes hicimos posible un año más que el colegio se convirtiera en un pueblo de Belén para escenificar el gran misterio de la Navidad. Pero quienes más lo disfrutaron fueron los niños y los jóvenes que cada año esperan con expectación y ganas esa tarde tan peculiar. Y permitidme, queridos lectores, que les dedique estas líneas a ellos- sin desmerecer la entrega y colaboración del resto de la comunidad educativa-, que siempre son los protagonistas de este Belén, porque sin ellos perdería su encanto. Y en ellos está la ilusión que cada año se nota en sus rostros cuando llega el momento culmen de este belén: la salida y recepción de los Magos de Oriente. La inocencia de los niños siempre nos ha conmovido a los más mayores en la noche de Reyes. Esa sensación de nerviosismo, de miedo contenido que forma cosquilleos en el estómago.

Y es la ilusión lo que volvimos a oler en el ambiente el pasado mes de diciembre cuando los Reyes Magos hicieron acto de presencia, y en la adoración ante el portal y  en la recepción a todos los niños. Una ilusión que también a todo el resto nos sobrecoge, como también la satisfacción de verlos felices y disfrutando.

En la memoria queda esa posada repleta de alumnos y padres que no dejaron sitio ni al mismísimo Dios y las escenas que representaban los trabajos y pequeños comercios de aquel pueblo de Judea que bañado por el río veía a lo lejos el grandioso palacio de un Herodes malvado. Al calor de una mula La Sagrada Familia recibía la sonrisa de los curiosos y el ángel volvía a custodiar el portal con perfecta maestría. El ganado pastaba nervioso en las improvisadas jaulas ante la mirada de temor de algún que otro niño.

La esperanza es lo último que se pierde aunque a la ilusión hay que hacerle un hueco en nuestras vidas porque nos beneficia y siempre nos agranda el corazón. Como el oasis -premiado y aplaudido en nuestro belén-  en un desierto, así se nos aparece la ilusión en nuestro día a día. Un manantial de agua fresca para poder seguir adelante.

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