SE FUERON COMO EL VIENTO DE LA MADRUGADA. GRADUACIÓN 4º ESO 2018

Liberto Esteve Requena.

Cronista Oficial Colegio Ntra. Sra. de los Dolores.Villena

Sobre la cama ya tenía el vestido recién planchado- había arrugas y mamá se las había quitado con calma-. En la mesa de estudio los pendientes y, arrinconados, los zapatos de tacón, que estrenaría esa tarde. Sobre sí misma, nervios, y bajando de sus mejillas unas lágrimas empapadas de recuerdos y nostalgia. Él, acababa de llegar de cortarse el pelo, ya le tocaba. Con un nudo en la garganta durante toda la mañana, disimulaba su emoción. Su padre ya estaba nervioso, y al verlo entrar, le vinieron a la mente aquellos días en los que paseó con él con el carrito de recién nacido. – ¡Qué mayor se me ha hecho!-. Los abuelos, elegantes, aguardaban en el salón mirándose el reloj, impacientes como siempre.

Era el día de su graduación, y tanto ella como él, habían estado preparando este día con una ilusión que solo ellos y sus compañeros sabían.

En su corazón estaba todo guardado, nadie se lo iba a quitar y estaban orgullosos por ello. Estaban los primeros días de infantil, las primeras emociones. Las últimas semanas habían repasado su vida como si tuviesen que examinarse de un examen final de sus vivencias. Compartieron las mismas anécdotas, el recuerdo de sus tutores, las excursiones y los recreos. En su última clase, la de 4º de ESO, y con sus camisetas granates que se habían hecho para la ocasión, hicieron memoria y pensaron que si no hubiese sido por su esfuerzo y tesón, no hubiesen llegado hasta ahí. Que si no hubiese existido el apoyo de sus profesores, no habrían sido lo que ahora son.

Abrazados y unidos, sintieron esa felicidad disfrazada de añoranza. Sabían que ese día, el de su graduación, también era una despedida. 13 años compartidos y muchas ganas de llorar.

La tarde, vestida de un verano que no quería llegar, fue solemne y especial. El patio de su colegio, engalanado para el momento, estuvo lleno de amor, el que ponía cada familia, cada miembro de la Comunidad Educativa de las Paulas de Villena. Con una eucaristía de acción de gracias empezaría el acto. Un poquito de amor de Dios nunca viene mal y una homilía como la que pronunció el párroco de Santiago, tampoco. Estuvo llena de contenido : Debéis ser sal y luz para este mundo. No basta con ser buenas personas, hace falta más. No hay gloria sin sacrificio.

Todo salió genial, pero si tuviesen que destacar algo, se quedarían con las palabras, con los discursos de agradecimiento, aunque acabaran diciendo que no tenían palabras para agradecer todo lo que se había hecho por ellos.

Palabras de amor, sencillas, esas que se dicen, porque se sienten, emocionaron. Fueron pronunciadas por la XIX  Promoción de 4º de ESO, un grupo unido y carismático.

La ternura y el cariño vinieron por sí solos en frases como estas: Nos habéis demostrado que los sueños están para cumplirse o habéis hecho de nosotros personas con aspiraciones.

En boca del Equipo Directivo, de los padres y del tutor de 4º de ESO, las palabras de ánimo y los consejos, dieron paso a unos aplausos sinceros y reconocidos.

Los brindis y la fiesta cerrarían el acto y el viento de la madrugada se encargó de limpiar lo vivido aquella tarde.

Sobre la una del día siguiente ella se despertó como si no hubiese dormido y la extraña sensación, que era de suponer, la compartió con sus padres. Una sensación rara que le volvió a llenar las mejillas de esas lágrimas guardadas para la intimidad. El lunes no volvería a clase, ni a su colegio de toda la vida.

Él, en cambio, durmió hasta bien entrada la tarde y al despertarse lo primero que vio fue el uniforme de su colegio, ese del que se despidió ayer, y al que nunca olvidará por muchos años que pasen.

Esa tarde se fueron como el viento de la madrugada, ese que vuelve cuando menos lo esperas. Como estos chavales, los cuales volverán, porque en lo más profundo de su ser, nunca se han ido.

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