SANTA LUISA DE MARILLAC. SAL Y LUZ PARA EL MUNDO

Liberto Esteve Requena.

Cronista oficial del Colegio Ntra. Sra. de los Dolores

Todos hemos tenido a lo largo de nuestra existencia alguien que nos ha servido de modelo, de referente. Esa persona de la que hemos imitado sus comportamientos y destrezas, sus gestos y su personalidad y a la que vanagloriamos siempre. Se nos llena la boca cuando hablamos de ella porque fue una gran persona y nos transmitió vida y buenas cosas. Para un cristiano es Cristo el modelo a seguir, el ídolo en el que apoyamos nuestra fe e intenciones.  Para un vicenciano es San Vicente de Paúl la referencia más cercana junto con Santa Luisa de Marillac. Estos dos personajes son nuestros fundadores y de ellos debemos de aprender. Sin lugar a dudas y después de conocer su vida, se nos presentan en la nuestra como personas que fueron derrochando amor a los pobres. En el caso de Santa Luisa de Marillac, esa mujer que necesitaba amar a los desvalidos y faltos de cariño, decide un día junto a San Vicente fundar la congregación de las Hijas de la Caridad y comenzar una labor de entrega y apoyo al débil. En la época en la que vivió urgía una dedicación plena al cuidado de los pobres y marginados. Por eso y por muchas más cosas, Santa Luisa debe ser nuestro modelo y porque fue luz y sal para los demás. Se propuso alimentar la fe y la esperanza.

En el cole no dejamos de enseñarles a nuestros alumnos cuál fue el objetivo en la vida de esta Santa que ya se nos ha hecho familiar. Este año la hemos vuelto a festejar, a homenajear y a rendirle tributo. No dejamos, en nuestro día a día, de recordar su vida y de sensibilizar a nuestros alumnos en esta formación vicenciana. En estos días hemos querido transmitirles que al igual de Santa Luisa iluminó a los pobres de su tiempo, de igual modo deben ser ellos los que  sean sal y luz para los demás.

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