PADRES: ESTIMULAR LA CREATIVIDAD Y LA COMPETENCIA EN LOS NIÑOS

Múltiples estudios e investigaciones concluyen que los niños que desde edades tempranas son estimulados a nivel psicomotor, cognitivo, social, afectivo y emocional en un ambiente familiar cuyas relaciones estén basadas en el amor, el respeto, la comunicación y la armonía, generan en ellos estrategias que les ayudan a crear, innovar y producir de forma creativa.

La música clásica, el juego, las relaciones afectivas positivas con los adultos y con los iguales, el orden y los hábitos en las actividades diarias, educar en valores, educar la sensibilidad y aprender destrezas básicas, les hacen más creativos y más competentes para resolver con éxito situaciones de la vida diaria.

Algunos estudios se han centrado en el factor escolar como el más significativo para desarrollar en los niños la creatividad y la competencia, pero la familia se convierte en el primer contexto en el que el niño se desarrolla y en el que aprende los valores, habilidades, hábitos y estrategias que formarán parte de su desarrollo personal y social, por lo que dotar a las familias de herramientas para estimular a los niños desde 0 a 6 años, es la mejor estrategia para ayudarles a ser más creativos y competentes a lo largo de su desarrollo.

“Creatividad es un acto de fe; para crear, primero hay que creer.”
(Miguel Ángel Cornejo)
Introducción

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La creatividad forma parte de la especie humana, es un componente implícito en el aprendizaje que se desarrolla con éxito si el niño es estimulado en su entorno familiar, escolar y en su medio social. La creatividad ayuda a desarrollar la competencia en los niños, haciéndoles más autónomos, maduros y con mayor iniciativa personal. Son capaces de responder de forma más eficaz, planificada y positiva a las necesidades del medio, y esto les permite construir significados más abstractos sobre las relaciones con los demás.
Facilitar entornos en los que los niños crezcan en seguridad, flexibilidad, confianza, comunicación, amor, normas y respeto, ayuda a los niños a ser creativos. Los niños que experimentan con la realidad más cercana, que son estimulados mediante el juego imitativo y abstracto, que potencian sus habilidades y destrezas y que están en contacto con personas que les motivan y les hacen sentirse capaces, suelen mostrarse más competentes y creativos. La creatividad les ayuda a imaginar, crear, producir, pero también ayuda a los niños a buscar soluciones a situaciones, buscar y gestionar información con rapidez y ser más competentes en las relaciones con los demás.
Un ambiente familiar y escolar motivador, que favorece las normas y la comunicación, cálido, flexible y acogedor facilita el desarrollo de las capacidades creativas en los niños, haciéndoles más competentes y autónomos. Los ambientes democráticos en los que hay normas pactadas, pero se potencian capacidades, cuya base es el respeto, el amor, la confianza y la seguridad, ayudan a que los niños desarrollen su pensamiento divergente. Se suelen sentir escuchados, comprendidos, respetados, dirigidos y ayudados. Al mismo tiempo los hacemos más autónomos, seguros de sí mismos, más maduros y competentes.

Según Gordon y Dacey (1971), el niño desde edades tempranas realiza el mayor desarrollo neuronal en el ser humano. Si en este periodo se ve presionado el pensamiento creativo decrece, por ello dotarle de seguridad en sí mismo y de una libertad para buscar solución a sus problemas, le ayudará a desarrollar su potencial para aprender, ser competente en su medio y relacionarse.

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Como educadores debemos crear un ambiente democrático en nuestra forma de educar, en el que el niño ayudado por el adulto sea progresivamente autónomo, sea escuchado cuando proponga una solución novedosa o tome una decisión. Indudablemente el adulto ha de guiar al niño en su desarrollo académico y personal, pero ha de procurar crear un ambiente de seguridad y confianza en el que el niño pueda expresarse con normalidad y consiga potenciar su capacidad creativa, su pensamiento divergente y el desarrollo de las competencias básicas para desenvolverse en su medio con éxito. Al mismo tiempo, fortalecemos su identidad y contribuimos al desarrollo de su personalidad, base para la aceptación de sí mismo y la construcción de las relaciones con el medio y con los demás.

ALGUNAS CLAVES PARA ESTIMULAR LA CREATIVIDAD Y LA COMPETENCIA EN LOS NIÑOS

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Actualmente el avance de una sociedad tecnologizada deja poco tiempo para crear en entornos naturales y cada vez se construye y se innova más en el espacio digital. Como educadores podemos recuperar algunos espacios por ello, hemos de favorecer en los niños todo tipo de experiencias, aquellas que les acerquen a la tecnología, al medio próximo, al entorno natural, al espacio escolar, etc.

Experiencias que les ayuden a construir de una forma práctica y funcional con una utilidad, con una intencionalidad didáctica, creativa, social, dirigida por un adulto. Esto mejoraría el desarrollo de la competencia en el niño, que progresivamente ha de dar respuesta a más situaciones y que requiere de estrategias, habilidades y destrezas que le ayuden a tomar decisiones, a resolver problemas, a ser más adaptativo y autónomo en ello. Estas experiencias vividas en edades tempranas ayudan al desarrollo neuronal del infante. Algunas de estas experiencias serían las que a continuación se detallan:
-Experiencias en el entorno natural: El contacto con la naturaleza ayuda a crear, a pensar, desarrolla la capacidad para percibir la belleza, nos hace más sensibles, nos educa la mirada, el oído, los sentidos. El silencio es a veces el mejor espacio para crear, la contemplación y la relación con el entorno son base de la creatividad. Estos espacios ayudan al niño a estar consigo mismo y aprender a valorar y respetar el entorno más próximo.
-Experiencias en el entorno escolar: Los rincones de aprendizaje ayudan a los niños a idear desde pequeños situaciones de juego, movimiento, experimentación con la realidad y contacto con los demás. La asamblea también es un momento de experiencia compartida que ayuda a generar ideas creativas, así como la investigación sobre proyectos de trabajo, aprovechando las motivaciones y potencialidades individuales.

-Experiencias en el entorno familiar: El contexto familiar ha de promover la escucha activa, el apoyo emocional, los vínculos afectivos, el respeto, la comunicación y las normas necesarias para guiar al niño en su proceso de desarrollo y maduración. El juego simbólico ayudará al niño a crear situaciones nuevas a partir de la realidad más próxima, así como comprenderlas y adaptarse a ellas. Compartir espacios de ocio, salidas a la naturaleza, aprender a montar en bicicleta, escuchar música, dotar de responsabilidades, entre otras, son actividades que estimulan la creatividad en los niños.

Desde el punto de vista de Furth y Waches (1978) es necesario ayudar a lograr en los entornos escolares una escuela que promueva la educación para pensar, una formación para la vida y para la sociedad en la que se trabajen las actitudes de los agentes que educan. Los educadores debemos tener una actitud de apertura frente al niño que pregunta, que plantea, que innova, que aplica y resuelve. El educador se convierte en un facilitador del pensamiento creativo y de la competencia en el niño.

Conclusiones
Educar la creatividad en los niños, para que sean capaces de descubrir y desarrollar su potencial creativo, es un reto actual de la educación. La creatividad es definida por Torrance (1979) como:”El conjunto de capacidades, habilidades, motivaciones y estados, involucrados en la resolución de problemas”.
Para educar y estimular la creatividad en los entornos escolares es importante poner en funcionamiento programas de inteligencias múltiples, enriquecimiento instrumental, programas de toma de decisiones y de resolución de problemas y otros programas educativos más concretos como: “CoRT Thinking Program” (De Bono, 1970,1975); Filosofía para niños (Lipman, Sharp, Ocanyan, 1980) o el Programa Xènius (Muñoz, 1994).
La actividad creativa es fruto de la integración de una serie de componentes cognitivos, personales y ambientales. Los educadores debemos crear los entornos propicios para estimular la creatividad y la competencia en los niños desde la infancia. Ser tolerantes, escucharles, serviles de guía, apoyo emocional y moral, promover situaciones que les lleven a experimentar con la realidad, producir e innovar, permite que los niños sean más competentes, creativos y esto se convierta en una actitud no sólo en una competencia, habilidad o capacidad, sino en una forma de relacionarse con los demás y con su entorno, una forma de producir y por tanto, de mostrar un mayor desarrollo a nivel cognitivo, psicomotor, social y emocional.
Martina Leibovici-Mühlberg (2013), propone las siguientes ideas para que los padres sensibilicen a sus hijos en el pensamiento creativo: Crear espacios de juego en casa, provocar situaciones de ensayo-error como forma de aprender, estimular la sensibilidad por el arte, la música y el dibujo, reforzar sus habilidades y fortalezas, actuar de guía y apoyo emocional, mostrar una actitud flexible en un ambiente de confianza y seguridad y provocar la curiosidad y el interés por lo novedoso.

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Mª del Carmen Girón Calero.

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